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UNA BASE SÓLIDA

Por Pablo Pereyra

Para poder entender correctamente la doctrina bíblica y, sobre todo, para aplicarla correctamente en la práctica y así desarrollar una buena relación espiritual con Dios, es necesario que el creyente tenga una base sólida, un fundamento doctrinal sobre la cual “construir” el resto de su entendimiento.

En Lucas 6:43 al 49 Jesús habla de cómo una casa edificada sobre un buen fundamento resiste todo tipo de inclemencias y que la casa edificada sobre tierra, sin fundamento, termina cayéndose y queda arruinada. En este contexto Jesús estaba hablando de cómo la práctica consolida firmemente la creencia, a diferencia de aquél que sólo le dice “Señor, Señor” pero no anda conforme a su voluntad y no produce fruto espiritual. El ejemplo de la casa que se edifica sin fundamento nos sirve para entender cuán necesario es tener una base sólida sobre la cual edificar nuestra creencia.

La fortaleza de la casa no se encuentra sólo en sus paredes y techo, o estructura interna, sino también en su base, su fundamento. Una casa sin un buen cimiento, aunque esté construida con muy buenos materiales, no se mantendrá firme. Del mismo modo, si nuestra fe no tiene una base sólida, aunque esté edificada sobre maravillosas enseñanzas, prédicas y estudios, se caerá ante los primeros golpes de la vida.

Por eso cada cristiano debería primeramente ocuparse de tener un buen fundamento doctrinal para su fe.

El apóstol Pablo dijo lo siguiente:

1 CORINTIOS 3:10 (RVA)
Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, como perito arquitecto he puesto el fundamento, y otro está edificando encima. Pero cada uno mire cómo edifica encima,

Pablo dedicó casi todo su ministerio a establecer el fundamento sobre el cual los creyentes deberían edificar. Esto debería hacernos reflexionar sobre la tremenda importancia de tener una base sólida sobre la cual edificar.

¿Cuál era esa base en la que Pablo trabajó tanto para establecer? Esa base era Jesucristo. La vida, obra, predicación, los sufrimientos, la muerte, la resurrección y ascensión de Jesús tuvieron un propósito, fueron parte del plan de Dios para dar salvación y redención a la humanidad. Sin él, la Biblia es sólo un libro más y todas nuestras prácticas cristianas son vacías. Pero, además, si no llegamos a comprender bien la doctrina de la justificación, salvación y redención que tenemos en Cristo Jesús, nuestro Señor, no podremos “edificar” doctrinas más complejas y de mayor “peso” espiritual.

Noten cuál fue el trabajo de Jesús en la Tierra:

MATEO 9:35 (RVA)
Jesús recorría todas las ciudades y las aldeas, enseñando en sus sinagogas, predicando el evangelio del reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia.

Muchas personas suelen hacer énfasis en que Jesús sanaba toda enfermedad y dolencia. Sin embargo, esto lo hacía siempre precedido de su predicación del evangelio del reino, o sea, la buena noticia acerca del reino de Dios, de su justificación y salvación por medio de la fe en un redentor: Jesús.

Hay que poner primero lo que es primero. Si yo me paso oyendo prédicas y leyendo estudios sobre cómo administrar sanidad y producir milagros sin haber aprendido adecuadamente sobre Su evangelio de salvación, es como estar preocupándome por el color con que voy a pintar las paredes de una casa cuando todavía no he terminado de establecer el cimiento. Primero hay que tener una buena base, luego podremos ver qué construir sobre esa base y de qué color pintar las paredes.

Noten lo que Jesús dijo a los fariseos:

MARCOS 7:6-9 (RVA)
|6| Y les respondió diciendo: —Bien profetizó Isaías acerca de vosotros, hipócritas, como está escrito: Este pueblo me honra de labios, pero su corazón está lejos de mí.
|7| Y en vano me rinden culto, enseñando como doctrina los mandamientos de hombres.
|8| Porque dejando los mandamientos de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres.
|9| Les decía también: —¡Bien desecháis el mandamiento de Dios para establecer vuestra tradición!

“Bien desecháis” no se refiere a que hacían bien en desechar el mandamiento de Dios, sino a que lo hacían con pleno conocimiento de que estaban haciendo algo incorrecto y contrario a la voluntad de Dios. Ellos sabían bien cuál era el mandamiento de Dios, pero lo invalidaban a través de sus tradiciones.

MATEO 23:23 (RVA)
“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque entregáis el diezmo de la menta, del eneldo y del comino; pero habéis omitido lo más importante de la ley, a saber, el juicio, la misericordia y la fe. Era necesario hacer estas cosas sin omitir aquéllas.

Aquí Jesús resumió cuál es el objetivo de los mandamientos de Dios y cuál es el centro del mensaje del evangelio de Dios: el juicio, la misericordia y la fe. Habrá un juicio de Dios sobre todos los incrédulos y pecadores, pero ese juicio queda anulado, por la misericordia de Dios, en aquellos que aceptan por fe la salvación por medio de Cristo.

Los fariseos habían creado todo un sistema religioso que consistía en obras externas que había terminado por anular todo el sentido de los mandamientos de Dios. Los mandamientos de Dios tenían como objetivo mostrar al ser humano su incapacidad para cumplirlos y llevarlo a esperar y confiar en la provisión de Dios, Quien se encargaría de otorgar salvación al ser humano pagando Él mismo el rescate, con la sangre de Su perfecto Hijo.

Los principios fundamentales para establecer un firme fundamento (que es lo que se refiere a la justicia de Dios por medio de la fe) y la explicación sobre el objetivo central de la ley de Dios dada en el Antiguo Testamento, está desarrollado en el libro de Romanos. Veremos brevemente un pasaje en Romanos 3:

ROMANOS 3:19-26 (RVA)
|19| Pero sabemos que todo lo que dice la ley, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre, y todo el mundo esté bajo juicio ante Dios.
|20| Porque por las obras de la ley nadie será justificado delante de él; pues por medio de la ley viene el reconocimiento del pecado.
|21| Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios atestiguada por la Ley y los Profetas.
|22| Esta es la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo para todos los que creen. Pues no hay distinción;
|23| porque todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios,
|24| siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús.
|25| Como demostración de su justicia, Dios le ha puesto a él como expiación por la fe en su sangre, a causa del perdón de los pecados pasados, en la paciencia de Dios,
|26| con el propósito de manifestar su justicia en el tiempo presente; para que él sea justo y a la vez justificador del que tiene fe en Jesús.

En estos versículos tenemos los mismos ingredientes que Jesús había señalado como los más importantes de la ley.

JUICIO: Como nadie puede cumplir perfectamente los requisitos de Dios para estar para siempre en Su presencia, todos estamos sujetos a un juicio para muerte. Nadie merece vivir para siempre. La ley de Dios no nos puede salvar, porque no podemos cumplirla a la perfección, sólo nos muestra qué tan lejos estamos de poder tener el tipo de conducta que Dios requiere para que vivamos para siempre.

MISERICORDIA: Aquí no se menciona específicamente la misericordia, pero queda claro que si recibimos gratuitamente una justificación de los pecados es a causa de la misericordia de Dios. “Misericordia” significa, básicamente, “atenuar o anular un castigo merecido”. Esto es lo que Dios hizo con nosotros, todos merecíamos morir perpetuamente y Dios anuló ese castigo, regalándonos vida perpetua en Su reino venidero por medio del sacrificio de Jesús.

FE: Pablo explica que nuestra justificación viene por medio de la fe en Jesús. Las obras no pueden salvarnos, porque nadie puede cumplir perfectamente los requisitos justos de Dios para entrar en el reino venidero. Algunas personas pueden ser más “buenas” que otras y hacer mejores obras, éstas seguro se merecen cosas buenas, pero al momento de cometer un solo pecado, todos nos hacemos merecedores de la muerte, una sola trasgresión a la ley de Dios nos hace injustos para vivir para siempre. Por eso es que Dios tuvo que enviar a Jesús en sacrificio por toda la humanidad y es así que todo el que cree en él, el que tiene fe en su sacrificio por nosotros y lo acepta como Señor, puede vivir para siempre en el reino venidero.

ROMANOS 3:28, 31 (RVA)
|28| Así que consideramos que el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la ley.

|31| Luego, ¿invalidamos la ley por la fe? ¡De ninguna manera! Más bien, confirmamos la ley.

Si bien el ser humano es contado y tratado como justo por su fe en la obra redentora de Dios por medio de Jesús, esto no significa que no los mandamientos justos de Dios son anulados. Es necesario hacer la voluntad de Dios, pero no por el sólo hecho de ser “buenos” ante los demás, sino porque creemos y confiamos en Dios, Su amor y Su justicia. Si Dios nos rescató de los efectos del pecado ¿cómo no querer hacer Su voluntad?

Los fariseos a los que Jesús les reprochó el haber dejado de lado la justicia, la misericordia y la fe habían hecho todo un sistema de “obras” que dejaba de lado la necesidad de esperar la salvación de Dios por medio de Jesús. Pero obrar por obrar, como vimos, no conduce a nada, no sirve para salvar a una persona de sus pecados.

No obstante, habiendo aceptado la salvación que es por la fe en Jesús, es necesario que cumplamos, tanto como podamos, los mandamientos y requerimientos justos de Dios, pero no “por obras” sino “por fe”, o sea, no por el sólo hecho de seguir una norma escrita, sino porque amamos a Dios y queremos agradarle, y porque confiamos y creemos en Su amor y provisión para nuestras vidas.

Hay mandamientos que fueron circunstanciales para una época (como los sacrificios de animales o la circuncisión) y otros que reflejan la voluntad continua de Dios (como la prohibición a asesinar o robar), por eso tenemos que leer y estudiar la Biblia, para determinar cuál es cuál y tratar de andar conforme a aquellos mandamientos e instrucciones que son la voluntad perpetua de Dios.

Muchos de nuestros pecados son por falta de fe en Dios. Por ejemplo, si la Palabra de Dios me insta a no robar y yo robo, quizá sea que no estoy reconociendo adecuadamente el amor que Dios tiene por mí, y no estoy creyendo y confiando en que Dios podrá proveerme de lo necesario para que yo disfrute mi vida sin la necesidad de robar.

Ahora bien, también sería posible que alguien jamás en su vida llegue a robar, pero aun así no creer ni respetar a Dios y hacerlo simplemente por miedo a ser descubierto, o para no tener mala reputación entre amigos, familia o en la sociedad, o porque lo criaron así y quiere honrar a su familia. De este modo, esa persona estaría cumpliendo la ley, pero no lo estaría haciendo “por fe”, no lo hace porque respeta y ama a Dios, sino por otras causas. Ese sería un andar de “obras”, pero sin la fe correcta.

Por eso el apóstol Pablo decía:

ROMANOS 1:15-18 (RVA)
|15| Así que, en cuanto a mí, pronto estoy para anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma.
|16| Porque no me avergüenzo del evangelio; pues es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree, al judío primero y también al griego.
|17| Porque en él la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Pero el justo vivirá por la fe.
|18| Pues la ira de Dios se manifiesta desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que con injusticia detienen la verdad.

Pablo dice que la buena noticia de Dios es poder de Dios para salvación a todo el que cree y que en éste se revela una justicia de Dios “por fe y para fe”. Estas palabras, traducidas literalmente del texto griego se leerían “desde fe hacia fe” y dan la idea de un ciclo de continuo crecimiento en la fe.

En el versículo 18 la palabra “manifiesta” es la misma que “revela” del versículo 17 (en griego apokaluptö, además, en ambos casos este verbo es un presente pasivo del indicativo, por lo que debería traducirse como “está siendo revelado”. El versículo 18, tal como está traducido en la RVA pareciera hablar de algo distinto, pero en realidad está siguiendo lo dicho en el 17, mostrando que el evangelio de Dios revela dos cosas: la justicia de Dios y la ira de Dios.

Una traducción más ajustada al texto de estos dos versículos sería así:

ROMANOS 1:17-18 (Mi traducción)
|17| Porque en éste está siendo revelada la justicia de Dios desde fe hacia fe, como ha sido escrito: Mas el justo desde fe vivirá.
|18| Porque también en éste está siendo revelada la ira de Dios desde el cielo sobre toda irreverencia e injusticia de personas que están deteniendo la verdad con injusticia.

Entonces, vemos que el evangelio muestra dos aspectos fundamentales acerca de Dios:

1. La JUSTICIA de Dios desde fe hacia fe. La buena noticia es que, aunque merecíamos la muerte por nuestros pecados, Dios ha enviado a Jesús y por medio de la fe en él recibimos la vida perpetua. Además, esta fe no termina aquí, la fe para recibir la vida del reino es sólo el comienzo, esta fe se va perfeccionando en nosotros en la medida que comprendemos más sobre el evangelio y sobre la justicia de Dios.

2. La IRA de Dios contra toda irreverencia e injusticia. El hecho de que Dios vaya a castigar a todos los malvados también es una buena noticia, si Dios no diera castigo a los que hacen el mal (o si todos recibieran el mismo castigo) haría quedar a Dios como alguien injusto. “Irreverencia” se refiere a los que rechazan totalmente la fe en Dios, de éstos habla el resto del capítulo 1 de Romanos. Por otro lado, “injusticia” refiere a los que conocen la Palabra de Dios e incluso se dicen creyentes, pero actúan de modo injusto, es ese tipo de personas que Jesús describió, citando a Isaías, como gente que le honraba de labios, pero su corazón estaba lejos de Dios (Is. 23:19; Mt. 15:8). Si no se arrepienten y creen en Jesús como Señor, todos recibirán la paga por sus pecados y esto es justo delante de Dios.

A través de creer en el Evangelio de Dios una persona obtiene poder para salvación (Ro. 1:16), este poder no sólo nos permite entrar en el reino de Dios, sino que nos permite vivir en el presente con mayor salud y vitalidad, bajo el cuidado de Dios. Así que el andar cristiano no se trata se trata de obrar por obrar, sino de entrar en este ciclo continuo de crecimiento en fe.

Mi primera fe posibilitará a Dios que comience a trabajar en mi interior para hacer Su voluntad, luego de esto, seguiré cayendo, fallando y pecando, pero si sigo confiando en Dios, haciendo mi mejor esfuerzo por hacer Su voluntad, orando continuamente, leyendo y meditando en las Escrituras y juntándome con otros verdaderos cristianos, Dios trabajará en mi para hacerme comprender más Su amor y así confiar y creer más en Él, y actuar más ajustado a Su voluntad.

Este ciclo de crecimiento continuo nos llevará a ajustarnos cada vez más al cumplimiento de Sus mandamientos y requerimientos, pero no serán una carga pesada, sino que se convertirán en el deleite de nuestro corazón, porque no lo estaremos haciendo por “obras” sino por “fe”, no lo estamos haciendo porque nos están obligando desde una religión, tradición, presión social o desde el liderazgo de una congregación, lo estaremos haciendo porque confiamos y amamos a nuestro Padre celestial y queremos retribuir el amor que Él nos ha dado.

Una base sólida no se construye de la noche a la mañana, ni mucho menos en los asuntos espirituales, pero es importante que cada uno de nosotros revisemos nuestros cimientos y nos ocupemos de tener un buen fundamento antes de poner sobre éste otros ladrillos. Las doctrinas que no están bien fundamentadas con las Escrituras pueden llevar a una persona a errores importantes que luego lamentará.

La falta de un sólido fundamento puede hacer que nos suceda lo que a los creyentes de Galacia:

GÁLATAS 1:6-9 (RVA)
|6| Estoy asombrado de que tan pronto os estéis apartando del que os llamó por la gracia de Cristo, para ir tras un evangelio diferente.
|7| No es que haya otro evangelio, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo.
|8| Pero aun si nosotros mismos o un ángel del cielo os anunciara un evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema.
|9| Como ya lo hemos dicho, ahora mismo vuelvo a decir: Si alguien os está anunciando un evangelio contrario al que recibisteis, sea anatema.

La buena noticia (evangelio) que nos conduce a la salvación provista por Dios a través de Jesucristo es una sola, no debemos aceptar réplicas ni falsificaciones.

Pero, ¿cómo distinguir el falso evangelio si no hemos aprendido en qué consiste el verdadero? Por eso es necesario que estudiemos, pensemos, analicemos, oremos y nos esforcemos por establecer una base sólida para nuestra fe. También es necesario conectarse con otros creyentes con conocimiento y madurez en el andar que estén sirviendo a Dios fielmente (Ef. 4:11-15). Si nos apuramos en edificar sobre una base inadecuada la casa se caerá y tendremos que comenzar de nuevo desde cero.

Dejemos de buscar las sanidades y busquemos al Sanador, dejemos de buscar la paz y busquemos al Príncipe de Paz, dejemos de buscar las bendiciones y busquemos al Benefactor, dejemos de buscar las manifestaciones de poder y busquemos a la Fuente del poder.

Poner la mira en sanidades, milagros, manifestaciones de poder, en el gozo, la paz y las bendiciones es poner la mira en cosas de la Tierra, porque en el cielo sólo está Dios y Jesús a Su diestra, y si ponemos la mira en Dios, nuestro Padre que está en los cielos, todo lo demás (sanidades, milagros, manifestaciones de poder, gozo, paz, paciencia, bendiciones, etc.) será añadido (Col. 3:1, 2; Mat. 6:33).

Dios desea que lo amemos por lo que Él es, no por lo que hace; lo que Él hace pone de manifiesto lo que Él es, pero no deberíamos amarlo por lo que hace, o hizo, sino por lo que es (1 Jn. 4:7-8). Lo que Él ha hecho nos hace comenzar a buscarlo y amarlo, y nos sirve para entender cómo es Él, pero, en la medida que más lo conocemos, nuestro amor se va perfeccionando para amarlo por lo que Él es y no por lo que hace, hizo o hará por nosotros.

La información sobre las versiones de la Biblia citadas en este estudio y otros puede verla en la siguiente página: Referencias de versiones de la Biblia

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