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¿QUÉ ES LA CONCIENCIA?

Por Pablo Pereyra

Pablo dijo a Timoteo lo siguiente:

1 TIMOTEO 1:5 (RVA)
Pero el propósito del mandamiento es el amor que procede de un corazón puro, de una buena conciencia y de una fe no fingida.

Pablo aquí dice que el mandamiento de Dios tiene como propósito producir amor, y que ese amor debe partir de un corazón puro y una buena conciencia. El corazón representa a nuestro centro de pensamientos, son esos pensamientos vitales de donde emana nuestra vida de pensamiento y nos hace ser lo que somos. Dios quiere que en nosotros haya un corazón puro, quiere que nos limpiemos de malos pensamientos que nos llevan a acciones incorrectas. Y también nos dice que quiere en nosotros una “buena conciencia”, y la pregunta aquí es ¿Qué es la conciencia? Intentaremos responder esta pregunta.

Según el diccionario de la Real Academia Española, la palabra “conciencia” significa lo siguiente:

    1 – Conocimiento del bien y del mal que permite a la persona enjuiciar moralmente la realidad y los actos, especialmente los propios.
    2 – Sentido moral o ético propios de una persona. “Son gentes sin conciencia”.
    3 – Conocimiento espontáneo y más o menos vago de una realidad. “No tenía conciencia de haber ofendido a nadie”.
    4 – Conocimiento claro y reflexivo de la realidad. “Aquí hay poca conciencia ecológica”.
    5 – Capacidad de reconocer la realidad circundante. “Por fin recobró la conciencia”.
    6. f. Fil. Actividad mental del propio sujeto que permite sentirse presente en el mundo y en la realidad.

Pero para tener un entendimiento sobre qué es la conciencia de la que nos habla la Biblia, tendremos que ver su definición desde el idioma en que fue escrita.

En el texto griego del Nuevo Testamento, la palabra “conciencia” es suneidësis (también puede escribirse como syneidësis). Tiene como raíz otras dos palabras griegas: sun, que significa “junto con” y eidö, que significa “ver”. Literalmente es “ver junto con”. Refiere a esa parte en el interior de una persona que es un testigo conjunto de lo que esa persona hace, como si fuera un acompañante en nuestra mente que testifica lo que hacemos y también aprueba o reprocha nuestras acciones.

En el diccionario “The Complete Word Study Dictionary”, de Edward Robinson, se define como: “Conciencia, ser testigo de uno mismo, la propia conciencia viniendo como testigo. Denota una conciencia interna cuya naturaleza es traer testimonio de la propia conducta en un sentido moral”. Otra acepción dada en este diccionario es: “…conocimiento de uno mismo… la facultad del alma que distingue entre lo correcto y lo incorrecto e impulsa a uno a elegir lo primero y evitar lo segundo”.

Otros léxicos y diccionarios nos dan definiciones muy parecidas. Así que, básicamente, la conciencia puede definirse como aquella parte en la mente de una persona que es testigo de sus acciones y pensamientos y que ayuda a discernir lo correcto de lo incorrecto e impulsa a elegir lo que es moralmente correcto y reprocha a la persona cuando actúa incorrectamente. De aquí que podemos entender que el pensamiento y conducta moral de una persona dependen mucho de su conciencia.

Veamos algunos ejemplos bíblicos sobre el uso de la “conciencia” como el testigo interno de la conducta humana:

ROMANOS 2:14-15 (RVA)
|14| Porque cuando los gentiles que no tienen ley practican por naturaleza el contenido de la ley, aunque no tienen ley, son ley para sí mismos.
|15| Ellos muestran la obra de la ley escrita en sus corazones, mientras que su conciencia concuerda en su testimonio; y sus razonamientos se acusan o se excusan unos a otros,

Aquí podemos ver que Pablo habla de la conciencia de las naciones gentiles, las que no eran judías. Se nos dice que su conciencia concuerda en su testimonio y sus razonamientos se acusan o excusan unos a otros. Nos está hablando de lo que pasa en el interior de la mente de una persona, es esa conversación interna que todos tenemos en la mente, en donde una parte dice una cosa y la otra parte le responde, una parte quizá nos impulsa al pecado y la otra lo reprocha. Esto es conocido desde hace mucho tiempo, hoy en psicología y en neurociencia lo llaman “auto-conversación”. Nuestra conciencia está todo el tiempo “conversando” con nosotros mismos y siendo testigo de lo que hacemos y pensamos.

ROMANOS 9:1-3 (RV-1960)
|1| Verdad digo en Cristo, no miento, y mi conciencia me da testimonio en el Espíritu Santo,
|2| que tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón.
|3| Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne;

Esto que dice Pablo aquí es asombroso. La palabra “anatema” aquí puede entenderse como “condenado a destrucción”. Él está diciendo que, si fuera posible, él renunciaría a vivir para siempre con Cristo para salvar a sus “hermanos” israelitas. Él hubiese dado no sólo su vida física, sino que habría renunciado a su vida perpetua con Dios si con eso hubiese podido salvar a sus consanguíneos. Muchas veces decimos cosas que suenan muy bonitas y nos hacen ver como muy amorosos y creyentes, pero en realidad no seríamos capaces de cumplirlas. Pedro dijo a Jesús que jamás le negaría, pero llegado el momento le negó 6 veces. Muchos hoy pueden decir que darían sus vidas por Jesús, pero dada la situación, probablemente no lo harían. Pero Pablo dice aquí que su conciencia daba testimonio “en el Espíritu Santo”. Esto quiere decir que no sólo su conciencia le confirmaba que lo que estaba diciendo era cierto, sino que incluso desde la conexión con el Señor por medio del don de espíritu santo él podía confirmar que lo que está diciendo aquí es cierto. ¡Increíble corazón de parte del apóstol Pablo!

Entonces, vemos en estos dos ejemplos, cómo la Biblia nos confirma que la conciencia es un testigo interno de nuestras acciones y pensamientos. Ahora bien, veremos que esta conciencia, este “testigo interno”, no siempre es un buen testigo, no siempre ayuda a elegir lo correcto y lo bueno, y no siempre reprocha sobre lo que está mal, todo depende de cómo esté formada esa conciencia. Por eso es importante que diferenciemos entre dos términos que parecen similares, pero no lo son: la “conciencia buena” y la “conciencia limpia”. Tener una conciencia “buena” no es lo mismo que tener una conciencia “limpia”, ya veremos las diferencias entre ambas.

HEBREOS 13:18 (RVA)
Orad por nosotros, pues confiamos que tenemos buena conciencia y deseamos conducirnos bien en todo.

1 TIMOTEO 3:8-9 (RVA)
|8| Asimismo, los diáconos deben ser dignos de respeto, sin doblez de lengua, no dados a mucho vino ni amantes de ganancias deshonestas;
|9| que mantengan el misterio de la fe con limpia conciencia.

Observen que en el pasaje de hebreos se habla de “buena conciencia”, mientras que en 1 Timoteo se habla de “limpia conciencia”. Los dos términos están asociados, pero no significan lo mismo. Para entenderlo mejor, primero veremos qué es una “mala conciencia”.

HEBREOS 10:22 (RVA)
acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.

Aquí se nos habla de purificar los corazones de “mala conciencia”. Entonces entendemos que la conciencia es parte o surge de lo que hay en nuestro corazón, nuestro centro de pensamientos.

En Mateo 15:18-19 Jesús habló sobre cómo del corazón salen las malas acciones y palabras corrompidas de los seres humanos. Hablando sobre los malvados, Proverbios 6:14 nos dice que en su corazón hay perversidades y que todo el tiempo piensan mal y provocan discordia. Estas personas, dice Proverbios 2:14, se alegran haciendo el mal. Es evidente que no sienten un reproche de la conciencia por el mal que hacen, sino que sus conciencias aprueban lo que hacen y por eso se alegran haciendo el mal.

Entonces, si la parte más profunda del ser, de donde salen los pensamientos y acciones, está dañada, está llena de pensamientos e ideas contrarias a la voluntad de Dios y a la moral de Dios, entonces la conciencia será una mala conciencia, puede “testificar” nuestras malas acciones, pero ya no las reprocha, sino que las aprueba, eso es una mala conciencia.

TITO 1:15-16 (RVA)
|15| Para los que son puros, todas las cosas son puras; pero para los impuros e incrédulos nada es puro, pues hasta sus mentes y sus conciencias están corrompidas.
|16| Profesan conocer a Dios, pero con sus hechos lo niegan; son abominables, desobedientes y reprobados para toda buena obra.

Aquí lo que Pablo está diciendo es que quien tiene una buena conciencia va a actuar de forma pura, sin doble sentido, esto no significa que no va a pecar, pero cuando peca, la conciencia lo reprocha, sabe que hizo mal y por eso procura no hacerlo. Pero quien es “impuro” tiene una conciencia corrompida, su conciencia no le reprocha el mal que hace y por eso estas personas de continuo actúan contra la voluntad de Dios. Ellos pueden hablar de Dios, pueden incluso estar convencidos de que siguen a Dios, y sus conciencias no se lo reprochan, porque están corrompidas, están dañadas.

1 TIMOTEO 1:18-19 (RVA)
|18| Este mandamiento te encargo, hijo Timoteo, conforme a las profecías que antes se hicieron acerca de ti, para que milites por ellas la buena milicia,
|19| manteniendo la fe y la buena conciencia, la cual algunos desecharon y naufragaron en cuanto a la fe.

En este caso se nos dice que hay personas que desecharon el tener una buena conciencia. Esto quiere decir que una mala conciencia puede ser reparada y una buena conciencia puede ser rechazada y corrompida, nosotros podemos elegir tomar un curso de acción para mejorar nuestras conciencias o para empeorarlas.

1 TIMOTEO 4:1-3 (RVA)
|1| Pero el Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos se apartarán de la fe, prestando atención a espíritus engañosos y a doctrinas de demonios.
|2| Con hipocresía hablarán mentira, teniendo cauterizada la conciencia.
|3| Prohibirán casarse y mandarán abstenerse de los alimentos que Dios creó para que, con acción de gracias, participasen de ellos los que creen y han conocido la verdad.

La palabra “cauterizada” es una palabra griega que específicamente significa “marcada con hierro al rojo vivo”. Esta era la forma en que se marcaba a algunos esclavos, animales y también a criminales, una marca que los identifica. Aquí estas personas se dice que prestaron atención a doctrinas de demonios y espíritus engañosos, son estos espíritus los que “marcan a fuego” la conciencia de estas personas. Aquí vemos una actividad espiritual que está afectando severamente la conciencia de estas personas, al punto que engañan con falsas doctrinas a otros. Estas personas incluso pueden pensar que de verdad lo que creen y enseñan es correcto, pero estarán enseñando mentiras que desvían a los cristianos. Y notemos que la consecuencia de tener esta conciencia corrompida no es necesariamente una conducta llena de vicio y depravación, Pablo dice que prohibirán casarse y abstenerse de alimentos que Dios creó para participar de ellos. Y esto lo vemos hoy en día, personas que dicen que por mantener el celibato serán más espirituales, personas que dicen que hay que abstenerse de determinados alimentos, que Dios dio para que disfrutemos (como la carne) porque así serán más espirituales, estas personas, dice aquí Pablo, tienen una conciencia marcada a fuego por espíritus demoníacos.

Entonces, vemos que la conciencia no siempre actúa como un buen testigo, todo depende de si esta conciencia está bien constituida o no, allí radica la diferencia entre la buena conciencia y la mala conciencia, la buena conciencia es la que parte de un corazón nutrido con la Palabra de Dios y nos reprocha cuando hacemos algo que es incorrecto según los estándares de Dios.

Ahora bien, la conciencia, aparte de ser buena o mala, puede también estar limpia o contaminada.

2 TIMOTEO 1:3 (RVA)
Doy gracias a Dios, a quien rindo culto con limpia conciencia como lo hicieron mis antepasados, de que sin cesar me acuerdo de ti en mis oraciones de noche y de día.

Aquí Pablo habla de rendir culto con “limpia conciencia”.

HECHOS 24:16 (RVA)
Y por esto yo me esfuerzo siempre por tener una conciencia sin remordimiento delante de Dios y los hombres.

Y aquí Pablo habla de tener una conciencia “sin remordimiento delante de Dios”. Las palabras “sin remordimiento” en griego son una palabra: aproskopos, que significa “sin ofensa, sin culpa, irreprochable”. Cuando una persona que tiene una buena conciencia comete pecado, esa conciencia comienza a reprocharle sus actos, esto es una conciencia “sucia”, cuando la conciencia está limpia, no sentimos ese reproche interno.

Entonces, una conciencia limpia es una conciencia que no nos está reprochando por alguna acción incorrecta que hayamos hecho.

La conciencia mala no reprocha las malas acciones, la conciencia buena sí lo hace, una conciencia limpia es una conciencia que es buena y que no está reprochando nada malo porque la persona no ha hecho nada malo. Cuando tenemos una conciencia sana y pecamos, la conciencia se “ensucia”, nos señala el error y nos sentimos culpables, nos sentimos manchados por dentro.

¿Y qué hacemos si hemos pecado y sentimos ahora que nuestra conciencia está manchada?

1 JUAN 1:8-10 (RVA)
|8| Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.
|9| Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.
|10| Pero si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.

Todos cometemos pecados, somos seres humanos imperfectos y caemos, fallamos en hacer la perfecta voluntad de Dios. Cualquiera que diga que no peca, miente, pero si pecamos, la Biblia nos dice que podemos confesar a Dios nuestros pecados y seremos perdonados.

Luego Juan nos dice:

1 JUAN 2:1-2 (RVA)
|1| Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis. Y si alguno peca, abogado tenemos delante del Padre, a Jesucristo el justo.
|2| El es la expiación por nuestros pecados, y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.

La palabra “abogado” en griego es parakletos, es un ayudante, un intercesor. Jesús intercede por nosotros ante Dios, porque él dio su vida por nuestros pecados y por los de todo el mundo. Por eso todo el que en él cree es perdonado de todos sus pecados.

HEBREOS 9:6-10 (RVA)
|6| Estas cosas fueron dispuestas así: En la primera parte del tabernáculo entraban siempre los sacerdotes para realizar los servicios del culto.
|7| Pero en la segunda, una vez al año, entraba el sumo sacerdote solo, no sin sangre, la cual ofrecía por sí mismo y por los pecados que el pueblo cometía por ignorancia.
|8| Con esto el Espíritu Santo daba a entender que todavía no había sido mostrado el camino hacia el lugar santísimo, mientras estuviese en pie la primera parte del tabernáculo.
|9| Esto es una figura para el tiempo presente, según la cual se ofrecían ofrendas y sacrificios que no podían hacer perfecto, en cuanto a la conciencia, al que rendía culto.
|10| Estas son ordenanzas de la carne, que consisten sólo de comidas y bebidas y diversos lavamientos, impuestas hasta el tiempo de la renovación.

Lo que se está explicando aquí es que el servicio sacerdotal en Israel, antes de la venida de Cristo, junto con sus ordenanzas en cuanto a sacrificios, comidas, bebidas, lavamientos, etc., eran figuras de realidades espirituales que aún no habían venido, pero no podían perfeccionar la conciencia de las personas.

HEBREOS 9:11-14 (RVA)
|11| Pero estando ya presente Cristo, el sumo sacerdote de los bienes que han venido, por medio del más amplio y perfecto tabernáculo no hecho de manos, es decir, no de esta creación,
|12| entró una vez para siempre en el lugar santísimo, logrando así eterna redención, ya no mediante sangre de machos cabríos ni de becerros, sino mediante su propia sangre.
|13| Porque si la sangre de machos cabríos y de toros, y la ceniza de la vaquilla rociada sobre los impuros, santifican para la purificación del cuerpo,
|14| ¡cuánto más la sangre de Cristo, quien mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará nuestras conciencias de las obras muertas para servir al Dios vivo!

Por medio de su sacrificio Cristo nos limpió y nos limpia de toda mancha de pecado ¡él de verdad limpia nuestras conciencias! Por medio de Cristo nuestras conciencias van siendo sanadas y también limpiadas y así podemos servir a Dios de un modo que era imposible en los tiempos en que aún Cristo no había resucitado. ¡Ahora podemos tener conciencias verdaderamente limpias!

La conciencia acusa al pecador por su pecado, le hace saber constantemente que tiene una deuda con Dios a causa del mal que hizo, pero Jesús fue el pago por nuestros pecados, así que, si desarrollamos una conciencia conforme a la voluntad de Dios, nuestra conciencia nos reprochará por los pecados que cometemos, pero también nos recordará que esos pecados fueron pagados por Cristo en la cruz ¡no tenemos condena de parte de Dios!

Claro está, el pecado genera consecuencias y a Dios no le agrada el pecado, por eso deberíamos evitar el pecado, en principio deberíamos buscar la santidad porque sabemos que eso agrada a nuestro Padre, y también porque si andamos en la carne no podemos producir el fruto espiritual del cual nos habla Gálatas 5:22 y 23. Así que, aunque el pecado haya sido pagado y nuestras conciencias sean limpiadas con el sacrificio de Cristo, debemos procurar no pecar.

1 JUAN 1:7 (RVA)
Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia de todo pecado.

Andar en luz no significa que no pequemos jamás, sería absurdo decir que la sangre de Jesús nos limpia de todo pecado si no existiera pecado en nosotros. Andar en luz significa que estamos siguiendo a Cristo y que hacemos nuestro mejor esfuerzo por agradar a Dios en todo momento, poniendo en práctica Sus mandamientos, instrucciones y consejos. Y si andamos en luz, los momentos en que caemos y pecamos, podemos estar confiados en que la sangre de Jesús nos limpia de todo pecado.

Por supuesto, esto no quiere decir que necesitamos literalmente su sangre, es una expresión idiomática, una figura de dicción. La sangre representa su sacrificio en la cruz, al morir en la cruz él pagó por nuestros pecados y ese sacrificio ejerce un efecto continuo en todos los cristianos, Cristo está conectado con nosotros por medio de nuestra fe en él y continuamente nos está limpiando de todo pecado.

Ahora volvamos al versículo del inicio y veámoslo en su contexto:

1 TIMOTEO 1:3-11 (RVA)
|3| Como te rogué cuando partí para Macedonia, quédate en Efeso, para que requieras a algunos que no enseñen doctrinas extrañas,
|4| ni presten atención a fábulas e interminables genealogías, que sirven más a especulaciones que al plan de Dios, que es por la fe.
|5| Pero el propósito del mandamiento es el amor que procede de un corazón puro, de una buena conciencia y de una fe no fingida.
|6| Algunos de ellos, habiéndose desviado, se apartaron en pos de vanas palabrerías,
|7| queriendo ser maestros de la ley, sin entender ni lo que hablan ni lo que afirman con tanta seguridad.
|8| Sabemos, sin embargo, que la ley es buena, si uno la usa legítimamente.
|9| Y conocemos esto: que la ley no ha sido puesta para el justo, sino para los rebeldes e insubordinados, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas,
|10| para los fornicarios, para los homosexuales, para los secuestradores, para los mentirosos, para los perjuros, y para cuanto haya contrario a la sana doctrina,
|11| según el evangelio de la gloria del Dios bendito, que me ha sido encomendado.

Timoteo estaba en Éfeso, un lugar donde había gran diversidad cultural y mucha idolatría, especialmente adoradores de la diosa Diana, la cual era Artemisa para los griegos e Isis para los egipcios. Las doctrinas paganas se habían mezclado con el judaísmo también y estaba infiltrándose en las iglesias cristianas, porque mucha gente estaba entrando al cristianismo, pero una vez allí quería introducir sus propias ideas y doctrinas a las reuniones cristianas, así que Pablo rogó a Timoteo que no se vaya de Éfeso y que combata contra todas estas falsas doctrinas que estaban siendo introducidas.

Entre estas personas había algunos que se decían maestros de la ley (la ley de Dios) pero estaban introduciendo doctrinas erróneas, usaban la ley de Dios de forma incorrecta (algo que el día de hoy también sucede). Por eso Pablo dice que la ley de Dios no es mala en sí, sino que estas personas la estaban usando inapropiadamente. La ley de Dios fue dada para que por ella una persona pueda purificar su corazón y llegar a tener una buena conciencia y siendo así, de esta persona iba a salir un amor que es conforme a la voluntad de Dios, la clase de amor que Dios quiere que tengamos.

Una persona con una buena conciencia no necesita revisar todo el tiempo la ley y mandamientos de Dios para ver si lo que hace está bien o está mal, porque su conciencia lo guía hacia lo bueno. Pero una persona con una mala conciencia, necesita de la ley para rectificar su conducta y sus pensamientos esto es, en síntesis, lo que está comunicando Pablo en los versículos 9 y 10. No es que la ley sea sólo para las personas que hacen el mal, sino que lo que Pablo quiere decir es que el objetivo no es que una persona viva estrictamente bajo un conjunto de leyes, sino que pueda ajustar su corazón al punto de poder actuar rectamente en todo, la ley no es un fin en sí misma, sino el camino, la guía que nos indica cómo debe actuar una persona con un corazón puro, con una conciencia sana y con una fe no fingida.

La persona que entiende la esencia de la ley y la interpreta correctamente, va a llegar a tener un corazón puro, una buena conciencia y una fe no fingida, pero estas cosas tampoco son un fin en sí mismas, son el medio para algo más grande aún: el amor. El amor es el objetivo central de Dios para nuestras vidas. La ley no fue dada para entorpecer a las personas y limitar su libertad, sino para enseñarles a amar como Dios ama ¡eso es lo que Dios quiere de nosotros!

EFESIOS 5:1-2 (RVA)
|1| Por tanto, sed imitadores de Dios como hijos amados,
|2| y andad en amor, como Cristo también nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros como ofrenda y sacrificio en olor fragante a Dios.

Así que, para concluir, vimos que la conciencia es ese testigo y acompañante interno (en los pensamientos) que nos aconseja o reprocha en nuestras acciones conforme a lo que hay en nuestro corazón. La conciencia toma de lo que hay en nuestro corazón para “conversar” con nosotros sobre lo que está bien y lo que está mal. Una mala conciencia conduce a una vida de pecado continuo y está presente en aquellas personas que se alegran por sus pecados y sus actos de maldad. Por otro lado, una conciencia buena nos conducirá a amar como Dios ama y nos reprochará cada vez que fallemos en hacer Su voluntad, pero también nos recordará constantemente que Cristo ya pagó por todos nuestros pecados.

La información sobre las versiones de la Biblia citadas en este estudio y otros puede verla en la siguiente página: Referencias de versiones de la Biblia

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