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EL CAMELLO EN EL OJO DE LA AGUJA

Por Pablo Pereyra

MATEO 19:24 (RVA)
Otra vez os digo que le es más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios.

En esta ocasión vamos a analizar este pasaje de la Escritura para entender qué quiso decir aquí Jesús. La misma lección se repite en Marcos 10:25 y Lucas 18:25, usando prácticamente las mismas palabras. Varias interpretaciones han surgido de este versículo, y quiero que analicemos cuál es la más razonable.

En principio, la palabra griega que aquí se traduce «camello» es kamellos que significa simplemente «camello». Hay quienes han enseñado que esta palabra significa “soga”, pero no hay ninguna fuente seria que traduzca el griego kamellos como «soga», los léxicos y diccionarios del griego unánimemente traducen esta palabra como “camello”. De hecho, es fácilmente comprobable desde la Biblia que la traducción “camello” es la correcta, la misma palabra griega (kamellos) aparece en Mt. 3:4 y Mr. 1:6, donde dice que Juan (el bautista) vestía con pelo de camello, obviamente no puede decirse que vestía con «pelo de soga», el pelo de camello era usado para hacer vestiduras en aquellos tiempos, así que no hay confusión sobre el significado de la palabra griega kamellos.

La explicación de la soga parte de una referencia atribuida a Orígenes, un escritor y maestros cristiano de los primeros siglos, que decía que la lectura original decía «soga». Sin embargo, esta referencia tiene poco soporte de otras fuentes. Hay quienes sostienen que en el original la palabra no era kamellos, sino kamilos, que significa “cable” o “soga”, sin embargo, no hay manuscritos antiguos que contengan esta lectura, la explicación no tiene un soporte válido.

George M. Lamsa, estudioso del arameo, sostenía que el texto original de la Biblia era el arameo y no el griego y que en el texto en arameo aquí aparecía la palabra gamla que significa “soga”. Sin embargo, no hay tampoco mucho soporte para esta afirmación más que la palabra misma de Lamsa. La palabra hebrea para «camello» es gamal, su equivalente arameo es gamla. Excepto la traducción de Lamsa, las demás traducciones de textos arameos colocan aquí «camello». Así que, tanto desde el texto griego como desde los textos arameos que han sobrevivido hasta hoy, tenemos que la traducción correcta es “camello”.

Allá por el siglo 15 surgió la idea de que “el ojo de la aguja” era un pequeño portal en el cual un camello debía despojarse de toda carga para entrar. Otros también han postulado que era la puerta de entrada a una ciudad en la cual no se permitía que pasen camellos. Ambas explicaciones carecen de sustento. En primer lugar, no hay referencias antiguas a un portal llamado así, no hay tampoco ningún sustento arqueológico que pueda hacer pensar que existió tal portal.

Tanto la explicación del camello como “soga” y del ojo de la aguja como un “portal” han surgido por el deseo de explicar de un modo “racional” lo que Jesús dijo aquí. Pero si comprendemos el uso de las figuras de dicción en la Biblia y en los antiguos idiomas, aquí no hay nada extraño ni inexplicable.

Jesús usó una hipérbole, la hipérbole es una figura literaria, una expresión idiomática, usada para dar énfasis a una declaración. Con la hipérbole se recurre a la exageración, a veces extrema e incluso humorística, para poder llamar la atención sobre lo que se está diciendo. Nosotros actualmente usamos esta figura también, por ejemplo, si yo digo que no voy a hacer tal cosa “ni por todo el oro del mundo”, todos entienden que es una exageración, nadie podría ofrecerme todo el oro del mundo. Cuando tenemos mucho frío a veces decimos “me muero de frío”, o también, si algo causa mucha gracia decimos “me muero de risa”, por supuesto, no estamos queriendo decir que literalmente nos vamos a morir, sino que usamos una exageración para enfatizar que tenemos mucho frío, o que algo nos causó mucha gracia.

En la Biblia la figura hipérbole es usada muchas veces. Por ejemplo, en Mateo 5:29 y 30 Jesús dice que si el ojo o la mano nos es ocasión de caer, que la quitemos de nosotros. Jesús no dijo esto literalmente, sino que usó una hipérbole para enfatizar cuán importante es evitar el pecado. En Jueces 7:12 también se usa una hipérbole, describiendo al ejército madianita que eran “numerosos como la arena del mar”, usando esta exageración para enfatizar cuán grande era el ejército. Esto son sólo algunos ejemplos, pero hay muchos en la Biblia.

En su comentario sobre la Biblia, A.T. Robertson comenta que en el Talmud judío existe un proverbio de que un hombre, ni siquiera en sus sueños, vería a un elefante pasar a través del ojo de una aguja. En el diccionario exegético del NT de Baltz-Schneider se comenta que en la literatura rabínica el ojo de una aguja era considerado el más pequeño agujero existente, el elefante es el animal terrestre más grande, de allí quizá surge este refrán judío. Ahora bien, en Palestina, en los tiempos de Jesús, no se podrían ver elefantes, el animal más grande que se podía ver era el camello.

Al leer los relatos sobre la vida de Jesús, podemos ver que constantemente Jesús enseñó por medio de ejemplos de lo cotidiano. Jesús usaba aquello con lo que todos estaban habituados para enseñarles las realidades espirituales. Jesús sabía que todos consideraban al ojo de una aguja como el agujero más pequeño, y que el camello era el animal más grande que tendrían a la vista, así que su lección sería comprendida claramente. Si había camellos en el mismo lugar donde Jesús estaba enseñando, su ilustración sería aún más vívida. Jesús también usó una figura usando el camello en Mateo 23:24, en donde a los fariseos les dice: “cuelan el mosquito y tragan el camello”, queriendo mostrar enfáticamente el error en el que estaban, por el cual hacían a un lado lo más importante de la ley, tal como dice el versículo anterior.

En el Corán, escrito en el siglo IV, se dice que «el malvado encontrará las puertas del cielo cerradas hasta que un camello pase a través del ojo de una aguja». Esta frase puede haber venido de algún proverbio antiguo o bien pudo también ser una adaptación de la cita bíblica. Como sea, nos da más evidencia de que la palabra «camello» es correcta aquí.

Al decir que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja a que un rico entre en el reino de Dios, Jesús estaba queriendo poner énfasis en cuánto le cuesta a una persona acaudalada poner a Dios por encima de sus bienes materiales. Sin embargo, no es imposible, la Biblia nos muestra varios ejemplos de personas ricas que amaron a Dios, Jesús mismo estuvo con un recaudador de impuestos que se convirtió y repartió gran parte de su fortuna y con Nicodemo y José de Arimatea, que eran personas adineradas también y se encargaron de dar a Jesús la sepultura de un rico y el entierro de un rey. También tenemos el ejemplo de Abraham, quien tuvo muchas riquezas y, aun así, su corazón estuvo siempre con Dios, él es el único en la Biblia que es llamado “amigo de Dios”.

Entonces, no es que fuera imposible para un rico entrar en el reino de Dios, pero sí le es muy difícil, los ejemplos de gente de riqueza que ponen a Dios primero son los menos. Ahora bien, hay algo más que tenemos que entender en este contexto:

MATEO 19:16-26 (RVA)
|16| He aquí vino uno a él y le dijo: —Maestro, ¿qué cosa buena haré para tener la vida eterna?
|17| El le dijo: —¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Hay uno solo que es bueno. Pero si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.
|18| Le dijo: —¿Cuáles? Jesús respondió: —No cometerás homicidio, no cometerás adulterio, no robarás, no dirás falso testimonio,
|19| honra a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo.
|20| El joven le dijo: —Todo esto he guardado. ¿Qué más me falta?
|21| Le dijo Jesús: —Si quieres ser perfecto, anda, vende tus bienes y dalo a los pobres; y tendrás tesoro en el cielo. Y ven; sígueme.
|22| Pero cuando el joven oyó la palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.
|23| Entonces Jesús dijo a sus discípulos: —De cierto os digo, que difícilmente entrará el rico en el reino de los cielos.
|24| Otra vez os digo que le es más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios.

Notemos que aquí vino a Jesús un joven rico, que de verdad se interesaba por Dios, quería entrar en el reino venidero y vivir para siempre, había guardado los mandamientos de la ley de Dios, pero Jesús le dice que debía vender sus bienes y darlo a los pobres, el joven se fue triste, porque tenía muchas posesiones. Es muy difícil, para una persona que se ha acostumbrado a vivir bien y que toda su vida tuvo seguridad en las riquezas, dejar a un lado todas esas riquezas.

Un punto a tener en cuenta es que Jesús no les dijo a TODOS los ricos que se cruzó en el camino que vendieran sus posesiones, sólo a este joven. Jesús sabía lo que había en el corazón de este joven y se dio cuenta de que las riquezas para él eran un obstáculo para su relación con Dios. Este joven podía renunciar a todo por Dios, menos a sus riquezas. Dios sin dudas tenía lugar en su corazón, pero no tenía el primer lugar. Así que Jesús puso en evidencia esta falla en su corazón, mostró que a la hora de elegir entre Dios y las riquezas, el joven eligió las riquezas. ¡Y así pasa con la mayoría de la gente rica! Les cuesta poner a Dios por encima de sus bienes materiales.

MARCOS 12:28-30 (RVA)
|28| Se le acercó uno de los escribas al oírles discutir; y dándose cuenta de que Jesús había respondido bien, le preguntó: —¿Cuál es el primer mandamiento de todos?
|29| Jesús le respondió: —El primero es: Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios, el Señor uno es.
|30| Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.

El primer y gran mandamiento es amar a Dios por sobre todas las cosas, amarlo con todo el corazón, mente, alma, con todas las fuerzas. Decir que amamos a Dios por sobre todas las cosas es fácil, pero en la realidad, muy pocos son los que de verdad lo hacen, e incluso esto es algo que cambia constantemente en nosotros. Por momentos ponemos a Dios primero en todo, y en otros momentos otras cosas toman prioridad en nuestras vidas. Excepto Cristo, nadie puede decir que realmente amó a Dios con toda la mente, corazón y todo su ser, porque si alguien ama así a Dios ¡andaría perfectamente, sin pecado! Pero todos pecamos, y cada vez que pecamos, no estamos amando a Dios con todo nuestro ser.

Los discípulos de Jesús se dieron cuenta de esto, por eso, miren cómo reaccionaron a lo dicho por Jesús:

MATEO 19:16-26 (RVA)
|25| Cuando los discípulos lo oyeron, se asombraron en gran manera diciendo: —Entonces, ¿quién podrá ser salvo?
|26| Jesús los miró y les dijo: —Para los hombres esto es imposible, pero para Dios todo es posible.

El joven que vino a Jesús había guardado los mandamientos desde niño, aun así, Jesús le dice que eso no bastaba, que debía vender todos sus bienes y darlo a los pobres. Los discípulos entonces, lógicamente, se preguntaban ¿quién podrá ser salvo? ¡Es muy difícil! Porque para “ganarse” vida perpetua en la era futura, hace falta un corazón perfecto para con Dios. Jesús mismo dice que esto es imposible para el ser humano, pero es posible para Dios.

Dios sabe que es imposible para nosotros cumplir perfectamente con sus requerimientos. Por eso ¡Él lo hizo posible! Envió a Jesús como sacrificio por nuestros pecados para que podamos entrar en el reino. Hoy en día aquellos ricos de este mundo pueden hacer a Jesús Señor y tener vida perpetua sin tener que vender sus posesiones para entrar. Si de corazón han hecho a Jesús Señor, vivirán para siempre. Quizá luego el Señor los guíe a usar ese dinero para ayudar y bendecir a otros y si lo hacen tendrán gran bendición, pero su entrada en el reino no depende de entregar todo su dinero, sino de aceptar a Jesús como Señor.

Del mismo modo, todos nosotros tenemos nuestras fallas en el corazón, áreas en donde nos cuesta entregarnos por completo a la voluntad de Dios. Si nuestra salvación dependiera de amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y con todas las fuerzas ¿la alcanzaríamos? ¡No! Por eso la Biblia nos dice:

ROMANOS 3:20-24 (RVA)
|20| Porque por las obras de la ley nadie será justificado delante de él; pues por medio de la ley viene el reconocimiento del pecado.
|21| Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios atestiguada por la Ley y los Profetas.
|22| Esta es la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo para todos los que creen. Pues no hay distinción;
|23| porque todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios,
|24| siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús.

Nadie puede ser justificado (ser considerado o tratado como “justo”) mediante la ley. La ley de Dios nos hace ver que estamos en pecado e imposibilitados de alcanzar la gloria de Dios. Jesús puso en evidencia la falencia del corazón de todos los seres humanos mejor que nadie. Al rico le mostró que su amor por sus bienes lo dejaban fuera del reino de Dios, a otros dijo que con ver a una mujer con deseo de tenerla estaban adulterando en el corazón (Mateo 5:27), en Mateo 5:21 y 22 Jesús también compara al que se enoja y habla contra su hermano con un homicida. Jesús habló de amar a los enemigos, poner la otra mejilla, mostró un estándar de vida prácticamente inalcanzable, él expuso claramente que nuestro corazón está corrompido y es imposible que entremos en el reino de Dios en base a nuestras obras.

Por eso necesitamos de un Salvador, por eso Dios envió a Jesús, porque él, siendo perfecto, pagó por nuestros pecados para que podamos entrar en el reino aun siendo imperfectos y teniendo un amor imperfecto por Dios.

JUAN 3:16-17 (RVA)
|16| Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna.
|17| Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.

“Vida eterna” aquí debería traducirse como “vida de la era”, refiriéndose a la vida en la era futura, en el reino de Dios. Dios es Justo, así que no puede simplemente hacer de cuenta que no hemos pecado y hacernos vivir para siempre en Su reino, Su justicia no se lo permite. Todos merecemos morir. La única forma justa en que Dios podría hacernos vivir para siempre era que alguien pagara por nuestros pecados. En su sacrificio en la cruz, Jesús fue quien pagó por nuestros pecados. Dios nos amó tanto, que, sabiendo que ninguno de nosotros iba a poder ganarse con justicia el vivir para siempre en la era futura, envió a Jesús para pagar nuestros pecados, sufrió y murió para que nosotros tengamos vida, incluyendo a ese joven rico, que tenía a Dios en su corazón, pero le era tan difícil despojarse de sus bienes.

¡Alabado sea nuestro Padre celestial!

NOTA: la información sobre las versiones de la Biblia citadas en este estudio y otros puede verla en la siguiente página: Referencias de versiones de la Biblia

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