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No hay condena para los hijos de Dios (Romanos 8:1)

Por Pablo Pereyra

Romanos 8:1 (RVA)
Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús,

Aquí la palabra “condenación” es en griego katakrima. Esta palabra se usaba antiguamente en el ámbito legal para referirse al resultado de un juicio, incluyendo tanto la sentencia como la ejecución, de ahí que pueda traducirse como “condena”, pero también como “castigo” o “sentencia”.

Esta misma palabra griega la encontramos en el 5:16 y 18:

Romanos 5:16-18 (RVA)
|16| Ni tampoco es la dádiva como el pecado de aquel uno; porque el juicio, a la verdad, surgió de una sola ofensa para condenación [katakrima], pero la gracia surgió de muchas ofensas para justificación.
|17| Porque si por la ofensa de uno reinó la muerte por aquel uno, cuánto más reinarán en vida los que reciben la abundancia de su gracia y la dádiva de la justicia mediante aquel uno, Jesucristo.
|18| Así que, como la ofensa de uno alcanzó a todos los hombres para la condenación [katakrima], así también la justicia realizada por uno alcanzó a todos los hombres para la justificación de vida.

La condena vino a toda la humanidad por medio de la transgresión de un solo hombre (Adán), y por eso es justo que por medio de un solo hombre (Jesús) venga la justificación. La “condena”, entonces, se refiere a la muerte final, la “sentencia” que pesa sobre toda la humanidad es no poder entrar en el reino futuro de Dios a causa del pecado, pero por la fe en Jesús el pecado es perdonado y la condena anulada.

Por lo tanto, los que hemos creído en Jesús como Señor no tenemos que preocuparnos por ser condenados a muerte. No vamos a ser echados “afuera”, a las tinieblas, ni vamos a recibir el castigo del lago de fuego, ni tampoco vamos a ser destruidos en el Gehena. ¡Nuestra condena fue anulada por el sacrificio de Jesús!

1 Corintios 3:14-15 (RVA)
|14| Si permanece la obra que alguien ha edificado sobre el fundamento, él recibirá recompensa.
|15| Si la obra de alguien es quemada, él sufrirá pérdida; aunque él mismo será salvo, pero apenas, como por fuego.

Los hijos de Dios no tenemos que preocuparnos de entrar en el juicio de los injustos y pecadores (que será para condena y destrucción). Pero habrá un juicio de Dios sobre los creyentes, que será para recompensas. En este otro juicio el peor castigo va a ser no recibir la recompensa que podríamos haber recibido.

Los hijos de Dios seremos juzgados, pero no para ser condenados a muerte, sino para recibir recompensas de parte de Dios conforme a nuestro servicio en esta vida.

Si luego de hacer a Jesús Señor decidimos vivir una vida como cualquier otra persona de este mundo, nuestras obras “se quemarán”, seremos salvados, pero entraremos al reino sin recompensa. Si hacemos las buenas obras que Dios nos encomienda, entonces tendremos recompensa en el reino venidero.

El sólo hecho de haber sido rescatados de la muerte final debería ser suficiente para desear hacer la voluntad de Dios y servirle, pero Dios, además, nos promete recompensas por nuestra labor ¡cómo no amarlo y desear servirle!

La información sobre las versiones de la Biblia citadas en este estudio y otros puede verla en la siguiente página: Referencias de versiones de la Biblia

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