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LA PASCUA Y LA COMUNIÓN DEL CUERPO DE CRISTO

Por Pablo Pereyra

En esta oportunidad quiero hacer un repaso sobre el significado de la Pascua y su relación con el sacrificio de Cristo en la cruz y, a su vez, mostrar también cómo se relaciona con nuestra posición y función dentro de la Iglesia de Dios.

Para comenzar haremos un repaso sobre qué es la Pascua y para eso vamos a ir donde comenzó esta celebración:

El inicio de la fiesta de Pascua lo tenemos relatado en el libro de Éxodo, en el momento en que el pueblo de Israel sería librado de la esclavitud de Egipto. Los capítulos 1 al 11 de Éxodo nos relatan sobre la esclavitud que los israelitas estaban sufriendo bajo el pueblo egipcio y la liberación que Dios iba a traer a través de Moisés. Dios hasta este momento había enviado 9 plagas a los egipcios con el fin de que éstos liberaran al pueblo de Israel de la esclavitud, sin embargo, el Faraón egipcio no había accedido a dejarlos ir hasta ahora. En el capítulo 12 se nos relata la última plaga que Dios enviaría a los egipcios, después de la cual ellos dejarían ir al pueblo de Israel, esta plaga consistía en la muerte de todos los primogénitos (primeros hijos) de todos los habitantes egipcios e incluso de todos los animales. Previo a esta última plaga, Dios habló con Moisés, le dijo que ese mes (mes de Abib en el calendario hebreo), sería el primer mes a partir de ese momento, esto es para señalar la importancia de lo que iba a suceder. El mes de Abib luego cambió el nombre a Nisán, pero la Pascua siguió celebrándose ese mes.

ÉXODO 12:3-24 (RV-1960)
(3) Hablad a toda la congregación de Israel, diciendo: En el diez de este mes tómese cada uno un cordero según las familias de los padres, un cordero por familia.
(4) Mas si la familia fuere tan pequeña que no baste para comer el cordero, entonces él y su vecino inmediato a su casa tomarán uno según el número de las personas; conforme al comer de cada hombre, haréis la cuenta sobre el cordero.
(5) El animal será sin defecto, macho de un año; lo tomaréis de las ovejas o de las cabras.
(6) Y lo guardaréis hasta el día catorce de este mes, y lo inmolará toda la congregación del pueblo de Israel entre las dos tardes.
(7) Y tomarán de la sangre, y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer.
(8) Y aquella noche comerán la carne asada al fuego, y panes sin levadura; con hierbas amargas lo comerán.
(9) Ninguna cosa comeréis de él cruda, ni cocida en agua, sino asada al fuego; su cabeza con sus pies y sus entrañas.
(10) Ninguna cosa dejaréis de él hasta la mañana; y lo que quedare hasta la mañana, lo quemaréis en el fuego.
(11) Y lo comeréis así: ceñidos vuestros lomos, vuestro calzado en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente; es la Pascua de Jehová.
(12) Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, así de los hombres como de las bestias; y ejecutaré mis juicios en todos los dioses de Egipto. Yo Jehová.
(13) Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto.
(14) Y este día os será en memoria, y lo celebraréis como fiesta solemne para Jehová durante vuestras generaciones; por estatuto perpetuo lo celebraréis.

Como podemos ver, el inicio de la fiesta llamada “Pascua” se remonta a los días en que Israel salió de Egipto. El pueblo de Israel estaba bajo la esclavitud de Egipto y en esa esclavitud el Faraón (gobernador) egipcio prohibía incluso que los Israelitas adoraran a Dios, una y otra vez la petición de Moisés fue que Faraón los deje ir para servir a Dios y Faraón no quiso dejarlos ir. Dios envió 9 plagas, pero Faraón seguía rehusándose hasta que, al final, llegaría la décima plaga, la definitiva, que sería la muerte de los primogénitos de todo Egipto. Los israelitas debían entonces, por mandato de Dios, sacrificar un cordero, rociar la sangre en los dinteles, comer ese cordero apresuradamente y así la mortandad pasaría por alto en los lugares en que este mandato se cumpliera.

Esto que los israelitas hicieron en ese momento, luego Dios mandó a hacerlo como un recordatorio anual del día en que salieron de Egipto, pero no sólo era un recordatorio del pasado, sino también era lo que yo llamo un “recordatorio del futuro”, por así decir. Este evento apuntaba hacia un evento aún mayor en el ámbito espiritual. Esto podemos verlo en el siguiente texto:

1 CORINTIOS 5:7-8 (RV-1960)
(7) Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros.
(8) Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad.

Pablo dice aquí que Cristo es “nuestra Pascua”. Los hebreos llamaban “Pascua” no sólo al día en que sacrificaban al cordero, sino que también llamaban “Pascua” al cordero mismo. Entonces, al decir aquí que Cristo es “nuestra Pascua”, Pablo se refiere a que Cristo es nuestro “cordero de Pascua”.

Pero ¿qué significa que él es el “cordero de Pascua”? Las Escrituras llaman a Jesús “Pascua”, porque el sacrificio que él hizo tiene correlación con el sacrificio que se hacía en el día de Pascua y con el inicio de la Pascua, cuando Israel fue libre del pueblo de Egipto.

El libro de Hebreos es un libro que nos habla bastante sobre las antiguas fiestas y rituales ordenados por Dios y nos explica que éstos eran simbólicos de realidades espirituales:

HEBREOS 9:22-24 (RV-1960)
(22) Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión.
(23) Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que estos.
(24) Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios;

Lo que leemos aquí es que según la ley dada a Moisés todo (refiriéndose a todo pecado e impureza) debía ser purificado con derramamiento de sangre. Pero esa purificación era sólo una “figura” de realidades espirituales. El tabernáculo era simbólico del cielo, que es donde entró Cristo.

Los sacerdotes del templo en Jerusalén hacían constantes sacrificios de animales para el perdón de pecados del pueblo, una vez al año el Sumo Sacerdote podía entrar en la parte más íntima del templo y allí se encontraba con Dios para interceder entre Dios y el pueblo. Todo esto, nos dice aquí la Escritura, era una “figura” de lo que Dios haría en Cristo.

Jesús se sacrificó a sí mismo por nuestros pecados, él no era un simple animal, sino el hijo de Dios, sin mancha, por esta causa, él pudo limpiar de pecados, una vez para siempre, a todos los que creen.

HEBREOS 10:11-14 (RV-1960)
(11) Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados;
(12) pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios,
(13) de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies;
(14) porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.

En un aspecto espiritual Jesús hizo “perfectos para siempre” a los santificados. Esto quiere decir que no es necesario hacer uno y otro sacrificio para limpiar los pecados, sino que su sacrificio sirvió para limpiar definitivamente de pecados a los que creen.

JUAN 3:16-17 (RV-1960)
(16) Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
(17) Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.

Como podemos ver, la intención de Dios al enviar a Jesús al mundo es que todo el que cree en él pueda ser salvo. Vamos a leer unos versículos del libro de Romanos y consideraremos un poco este sacrificio a la luz de la justicia de Dios:

ROMANOS 1:16-17 (RV-1960)
(16) Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego.
(17) Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.

Pablo aquí viene diciendo que él no se avergonzaba del evangelio de Dios. La palabra “evangelio” significa “buena noticia”, y refiere a la buena noticia de salvación de Dios a través de Cristo. Pablo nos dice que en esta buena noticia está el poder de Dios para salvación de todo el que cree, y también nos dice que a través del evangelio se revela la justicia de Dios por fe y para fe. Esta expresión (“por fe y para fe”) puede entenderse como “un ciclo de crecimiento en fe”. En otras palabras, si entiendo el evangelio, entonces voy a entender un poco mejor la justicia de Dios, y si entiendo mejor la justicia de Dios, mi fe crece; a su vez, si mi fe crece, estaré capacitado para conocer mejor el evangelio y así sigue el ciclo, si no lo interrumpimos.

Más adelante en Romanos leemos:

ROMANOS 3:19-26 (RV-1960)
(19) Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios;
(20) ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.
(21) Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas;
(22) la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia,
(23) por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,
(24) siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús,
(25) a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados,
(26) con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.

La ley que Dios dejó a Moisés nos muestra cuáles son los requisitos de Dios para vivir para siempre en Su gloria. Ahora bien, la ley me dice que tengo que cumplir todo eso perfectamente para vivir perpetuamente, si no lo puedo cumplir ¡no es una buena noticia! Si alguien me dice “te voy a dar 10 millones de dólares si trabajas para mí 24 horas al día durante dos meses”, por supuesto que no es una buena noticia, porque es imposible hacerlo, tarde o temprano el cuerpo va a ceder y no voy a poder cumplir el requerimiento. Una persona quizá llegue a trabajar 3 días, otro quizá a 5 días, otro más fuerte llegará a 10 días, pero ninguno va a alcanzar el requisito completo ¡nadie puede obtener ese dinero! Pero supongamos que luego me dicen: “alguien hizo el trabajo que te correspondía y te regalará los 10 millones de dólares si aceptas que sea tu señor” ¡Eso sí es una buena noticia! Los requisitos de la ley nadie jamás los cumplió perfectamente excepto Jesús. Por esta causa, la ley de Dios no nos permite con “justicia” recibir vida perpetua en la presencia de Dios. Pero Jesús, al sacrificarse voluntariamente, hizo disponible para nosotros que seamos contados como justos, en otras palabras, aunque no merecemos vivir para siempre en el reino de Dios, Dios pudo regalarnos esta vida por el sacrificio de Jesús.

Piensen esto: Dios es amor, pero Su amor no sobrepasa Su justicia. Él ama a la humanidad, pero no la puede salvar sólo con amor, de haber sido así, el sacrificio de Jesús no habría sido necesario. Dios nos ama, pero estableció ciertas normas de justicia, esas normas de justicia dicen que quienes cometen pecados no pueden vivir para siempre con Dios, y como todos cometemos pecados, ninguno de nosotros hubiéramos podido con justicia vivir para siempre con Dios. Es así que Dios tuvo que proveer de un pago justo por nuestros pecados, alguien que iba a sufrir y morir para pagar por nuestra vida, y que así no muramos para siempre. Dios no puede actuar contra Su justicia, por eso Su mayor muestra de amor fue entregar a Su más amado hijo para poder así proveer de un modo justo la posibilidad de vivir para siempre a la humanidad que estaba perdida.

Volviendo al tema de la Pascua, piensen un momento: los sacrificios de animales son algo feo, la Pascua consistía en derramar la sangre y pasarla por los dinteles de las puertas, no sería nada agradable. El cordero era cocido con sus entrañas y el gusto sin duda era amargo. Además, debía comerse con panes sin levadura y hierbas amargas, nada de esa celebración era agradable. No era una cena de amigos, tenían que comerla rápido, en amargura y con la ropa puesta y listo para irse. Esto no sólo recordaba la salida de Egipto, sino que también ayudaba a entender lo desagradable de las consecuencias del pecado y lo desagradable que sería para Dios y para Cristo el proveer salvación para la humanidad.

HEBREOS 10:15-22 (RV-1960)
(15) Y nos atestigua lo mismo el Espíritu Santo; porque después de haber dicho:
(16) Este es el pacto que haré con ellos Después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, Y en sus mentes las escribiré,
(17) añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones.
(18) Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado.

Por medio de Cristo Dios ha pagado todo pecado nuestro, los pecados son redimidos y no hay más ofrenda por el pecado. En Deuteronomio 15:1-5 Dios habló sobre la ley de remisión, diciendo que cada siete años se debía perdonar toda deuda que otro del pueblo israelita tuviera. En ese año todas las deudas debían ser canceladas, ya sea que el préstamo fuera hecho 6 años atrás o 6 días atrás. Además, Dios no sólo les dice que debían perdonar las deudas, sino que también les manda a dar cuando se les pedía prestado y que no se fijen en la fecha, aún si ya faltaba poco para llegar al año séptimo, de todos modos, debían prestar al prójimo.

Esta ley de remisión, más allá de su instrucción práctica, nos señala cómo es la actitud de Dios con respecto a la redención que nos otorgó en Cristo. El pecado nos generaba una “deuda” con Dios, deuda que es impagable. Pero en Cristo, Dios canceló la deuda que teníamos para con Él. Además, la gracia de Dios es tal que no importa cuánto pecado hayamos acumulado en esa “deuda”, cuando aceptamos a Cristo de todo corazón, la deuda queda cancelada, Dios jamás va a decir que “no” a quien se arrepiente de su andar en pecado y acepta a Cristo como Señor. Mientras estaba en la cruz, las primeras palabras de Jesús fueron una oración a Dios para que perdone a los soldados que le habían torturado y crucificado. Jesús fue el fiel reflejo del amor de Dios, y si él tuvo la capacidad de desear el perdón y restauración de aquellos que le habían torturado, sin duda que Dios tiene la capacidad de perdonar y restaurar a cualquier persona, sin importar cuál haya sido su pecado.

En el episodio del éxodo de Egipto, cuando los israelitas comieron por primera vez la Pascua, la sangre derramada con la que pintaron los dinteles iba a ser la señal para que la mortandad de los primogénitos que vendría sobre los egipcios no llegara a ellos. La palabra “Pascua” en su raíz significa “pasar por alto”, y en ese momento por la sangre derramada de los animales sacrificados la muerte iba a “pasar por alto” a los israelitas y ellos iban a recibir la tan preciada libertad del pueblo de Egipto.

Todo esto fue figura de la obra de Cristo. Por su sangre derramada, la muerte final va a “pasar por alto” a todos aquellos que por fe en el Señor aceptaron la salvación provista por Dios. En otras palabras, cuando aceptamos a Cristo como Señor de nuestras vidas estamos, por así decir, pintando los dinteles de nuestras vidas con la sangre de Cristo y así somos librados de una muerte perpetua. Además, por medio de Cristo también recibimos la libertad de la esclavitud del pecado (Ro. 6:16-23).

Y es así que en el libro de Romanos leemos:

ROMANOS 12:1-2 (RV-1960)
(1) Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.
(2) No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

Un buen análisis de este versículo requiere mucho tiempo, que no voy a ocupar en esta presentación , pero sí quiero hacer notar que las palabras “conforméis a este siglo” se refieren a “amoldarse a esta era”. En los 11 capítulos previos de Romanos Pablo enseñó toda la doctrina sobre la justificación y salvación por medio de la fe de Jesucristo. Pablo mostró la gran misericordia de Dios al darnos salvación por medio de Cristo y ahora nos dice que “por las misericordias de Dios”, o sea, teniendo en cuenta tal misericordia, presentemos nuestros cuerpos en “sacrificio vivo”, o sea, en servicio a Dios, santo y agradable. Esto lo hacemos primero dejando de amoldarnos a esta era.

En esta era, este tiempo que vivimos, el ambiente que nos rodea, tiene un “molde” preparado para que nos acomodemos en éste y así vivamos fuera del estándar de Dios. Esta era nos ofrece diversión, inmoralidad, depresión, miedos, gloria, fama, soledad, desesperación, dinero, y muchas cosas que nos distraen u obstaculizan para hacer la voluntad de Dios. Todas estas cosas parecen estar sueltas por allí, pero en realidad forman un molde diseñado por el Adversario de Dios, el Diablo, para atraparnos. Una vez que estamos cómodos en ese molde es muy difícil salir y dentro de este molde no es posible hacer la voluntad de Dios, por eso Pablo dice: “Dios hizo todo esto por ustedes a través del sacrificio de Su Hijo, ahora ustedes comiencen a servirle, dejando de amoldarse a esta era en primera instancia y actuando con una mente renovada”. Pablo sabe que no es fácil salir del molde, explica su propia experiencia frustrante en el capítulo 7 de Romanos, sin embargo, sabe que por el poder de Dios en Cristo el cambio es posible y les dice que, si disponen sus vidas a servir a Dios, comprobarán que la voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta.

Pero el asunto no termina aquí, cómo salir del molde de esta era para servir a Dios está directamente relacionado con lo que sigue:

ROMANOS 12:3-5 (RV-1960)
(3) Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.
(4) Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función,
(5) así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.

En el 3, donde dice que nadie debe tener más alto concepto “de sí”, las palabras “de sí” no están en el texto, y las palabras “más alto concepto” se traducen mejor como “dirigir los pensamientos de un modo excesivo”. Sin entrar en un análisis profundo, lo que el versículo 3 transmite es que en lo que debe ocuparse un creyente es en cómo dirige sus pensamientos y en lograr una forma sana de pensar, la cual pone en equilibrio su propia función dentro de la Iglesia cristiana con las funciones de los otros creyentes.

Pablo dice que cada uno debe pensar (dirigir sus pensamientos) con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno, luego nos dice que todos nosotros somos un Cuerpo en Cristo y todos somos miembros unos de otros. La “medida de la fe” tiene relación con esa función dentro del cuerpo, cada uno de nosotros tiene algo especial y específico que Dios le dio para creer y eso hace que cada uno de nosotros sea único y necesario en la obra de Dios y que, a su vez, cada uno de nosotros necesite de los demás miembros.

1 CORINTIOS 12:15-21 (RV-1960)
(15) Si dijere el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo?
(16) Y si dijere la oreja: Porque no soy ojo, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo?
(17) Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato?
(18) Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso.
(19) Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo?
(20) Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo.
(21) Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros.

Como pueden ver, nadie puede considerarse a sí mismo ni a otros miembros como “innecesarios”. El versículo 21 nos dice que ni la cabeza (que es Cristo) puede decir a los pies (la parte más baja del cuerpo) que no lo necesita. Por lo tanto, si Jesucristo mismo no tiene autoridad para desechar a algún miembro del Cuerpo como innecesario, no deberíamos desalentarnos si alguien nos dice que somos inútiles, porque para el Señor somos necesarios y tenemos una función específica que cumplir.

ROMANOS 12:6-8 (RV-1960)
(6) De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe;
(7) o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza;
(8) el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría.

Básicamente lo que estos versículos nos dicen es que cada uno tiene un don, un talento, capacidad o función dada por Dios, y que debe concentrarse en trabajar en esa área. No es cuestión de querer abarcar todas las áreas de servicio y querer ser un “salvador” para el resto de los creyentes, ni un líder que todo lo controla, sino de asociarse con otros creyentes con un mismo sentir y trabajar en equipo.

Los versículos que siguen en Romanos 12 nos dan detalles de cómo debe ser nuestra relación con otros creyentes y también con el resto de las personas, ahora los voy a saltear, pero sería muy bueno que después los lean a la luz de lo que estamos viendo.

Volveremos a 1 Corintios 12:

1 CORINTIOS 12:12-13 (RV-1960)
(12) Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo.
(13) Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.

Es un hecho notable que estos versículos dicen que a todos se nos dio a beber de un mismo espíritu. Hay un solo espíritu que nos conecta a todos. El espíritu vendría a ser como la sangre de nuestro cuerpo físico. En nuestro cuerpo físico la sangre es sólo una. Si yo saco tres jeringas de sangre de una persona, no tengo tres sangres de esa persona, sino tres muestras de una misma sangre, la sangre siempre se considera como una sola. Del mismo modo, en el cuerpo espiritual de Cristo se considera al espíritu como una sola cosa, es aquello que nos conecta a todos y nos da vida espiritual, sabiduría y poder de Dios. Recorre a cada miembro del Cuerpo para darle vitalidad a toda la unidad.

1 CORINTIOS 12:26-27 (RV-1960)
(26) De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan.
(27) Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular.

EFESIOS 4:11-16 (RV-1960)
(11) Y él mismo [Jesucristo] constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros,
(12) a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,
(13) hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;
(14) para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error,
(15) sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo,
(16) de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.

Jesucristo, como mediador entre Dios y nosotros y como cabeza del Cuerpo ha constituido distintos “oficios” en la iglesia que tienen como objetivo perfeccionar a los santos. Lo que es de notar es que estos oficios o funciones ministeriales no fueron hechos para tener un control total de las vidas de otros, sino para edificar a los creyentes y que “todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del hijo de Dios”. Lo que Dios quiere es una unidad en la fe y una unidad en el conocimiento de Cristo.

El versículo 16 nos dice algo muy importante y es que todo el cuerpo (en conjunto) recibe su crecimiento cuando están unidos y se ayudan mutuamente según la propia actividad de cada miembro. En otras palabras, todos somos edificados cuando actuamos en unidad y cada uno conforme a la función dada por Dios y todo el cuerpo sufre pérdida cuando hay egoísmo, soberbia, división y disensión entre los cristianos.

Una de las últimas lecciones que Jesús dejó a sus apóstoles antes de entregar su vida en sacrificio, tiene que ver como lo que llamamos “cena del Señor” o “cena de comunión”.

LUCAS 22:17-20 (RV-1960)
(17) Y habiendo tomado la copa, dio gracias, y dijo: Tomad esto, y repartidlo entre vosotros;
(18) porque os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga.
(19) Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí.
(20) De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.

En algunas denominaciones se enseña erróneamente que de algún modo místico el pan se transforma en el cuerpo de Cristo y el vino en la sangre al consumirlos en una ceremonia religiosa específica, esto es lo que se conoce como doctrina de la “transustanciación”, pero no es lo que la Biblia transmite aquí. La palabra “es” aquí es una figura literaria que intenta mostrar que eso “representa” el cuerpo y la sangre de Cristo. En el versículo 19 Jesús expresa que la intención de esta cena era hacer una representación de su sacrificio y que ellos debían luego repetirla “en memoria” de él. No es que esta cena tenga algún efecto espiritual especial, lo que la hace especial es el recordar el sacrificio de Cristo y lo que logró por su entrega.

Jesús sólo mencionó que el pan representaba a su cuerpo, no dijo mucho más sobre esto. En cuanto a la sangre, dijo que era la sangre del “nuevo pacto”, a través de su sacrificio se hacía disponible el nuevo pacto prometido previamente por Dios.

Pero el apóstol Pablo nos da una información extra acerca de esta cena memorial:

1 CORINTIOS 10:16-17 (RV-1960)
(16) La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo?
(17) Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan.

Pablo está aquí diciendo que, en ese memorial, la “copa” representa nuestra comunión con la sangre de Cristo y el “pan” representa nuestra comunión con el Cuerpo de Cristo y luego dice que los cristianos somos un solo Cuerpo en Cristo, representado por un solo pan y todos participamos de ese mismo pan. Entonces, lo que llamamos “cena de comunión” o “cena del Señor” es un memorial no sólo de que Cristo se sacrificó por nuestros pecados, sino de que su sacrificio tenía como objetivo unir a todos los creyentes en un solo Cuerpo por el cual corre un mismo espíritu. Antes de la resurrección de Jesús, Dios tenía un pueblo, Israel, pero por el sacrificio de Cristo ahora Dios tiene una familia de hijos y coherederos con Cristo. Por un lado, todos los que hemos creído en Jesús como Señor somos hijos espirituales de Dios, pero, también todos somos “el Hijo de Dios”, porque somos el Cuerpo de Cristo.

Muchas iglesias y denominaciones cristianas hablan del Cuerpo de Cristo, pero no actúan como tal, tienen una estructura jerárquica que deja poco lugar para la participación de muchos de los que asisten a la congregación. Entender que todos somos un Cuerpo, en la práctica implica que comencemos a velar por las necesidades colectivas, que busquemos la unidad en la fe y el conocimiento del Hijo de Dios, que dejemos de poner muros con nuestras doctrinas y prácticas y construyamos puentes que traigan a la gente a la salvación y al conocimiento de la verdad. Implica dejar el egoísmo y la victimización, dejar de creernos superiores o inferiores y saber que cada uno de nosotros tenemos un lugar especial en el plan de Dios y tenemos una función que cumplir y que, si cada uno de nosotros actúa en esa función, el plan de Dios se concretará de un modo más eficaz.

En el contexto de 1 Corintios 10, Pablo comienza hablando del éxodo de Israel y su tiempo en el desierto. En el versículo 1 dice que “todos” estuvieron bajo la nube y “todos” pasaron el mar, luego dicen que “todos” fueron bautizados en Moisés, “todos” comieron el mismo alimento espiritual, “todos” bebieron la misma bebida espiritual, pero Dios no se agradó de la mayoría de ellos y quedaron por eso postrados en el desierto. Pablo luego dice que estas cosas sirven como ejemplo para nosotros, para que no codiciemos como lo hicieron ellos y no nos inclinemos a la idolatría como ellos. Pablo habla de una acción conjunta, habla del pueblo de Israel como un conjunto, y como la mayoría hizo lo que no debía, entonces todo el conjunto terminó por sufrir las consecuencias. Toda la generación que fue rebelde a Dios pereció en el desierto, con excepción de Josué y Caleb que demostraron una total entrega a Dios. Aun así, ellos no quedaron sin consecuencias, porque habiendo podido entrar en la tierra prometida de inmediato, tuvieron que esperar 40 años y vieron morir a todos sus seres queridos, madres, padres, esposas, hermanos, de su generación sólo ellos dos quedaron. Todo el contexto nos muestra la importancia de la fe en conjunto, la obediencia en conjunto y el trabajo conjunto de todo el Cuerpo de Cristo.

En el comienzo mismo de la carta a los corintios leemos:

1 CORINTIOS 1:10 (RV-1960)
Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer.

Es interesante porque las palabras “estéis perfectamente unidos” en el griego es una sola palabra: katartizö, que significa “arreglar o preparar algo hasta que esté plenamente funcional”. La palabra “mente” refiere a la forma de pensar y la palabra “parecer” se puede traducir como “opinión, propósito, decisión”. Lo que Pablo está diciendo aquí es que los cristianos debemos preparar y arreglar nuestras vidas y nuestros modos de pensar, nuestras decisiones y opiniones de modo de tener una unidad plenamente funcional. No se trata de estar de acuerdo en todo lo que pensamos y hacemos, sino en todos tener una misma dirección de propósito que nos lleve a ir unificando también nuestra doctrina, nuestra fe y nuestro entendimiento sobre los asuntos espirituales. Prácticamente es imposible que todos pensemos igual en todo aspecto doctrinal, pero lo que es importante es tener una actitud de corazón que tienda hacia la unidad en la doctrina y en la práctica.

El libro de 1 Corintios es una completa exposición sobre una iglesia que estaba fallando en vivir como un Cuerpo en Cristo, había mucho individualismo y rivalidad entre ellos y a lo largo de toda la epístola el apóstol Pablo apunta a volver a la conciencia de unidad de la Iglesia.

Históricamente el cristianismo nos ha dejado grandes ejemplos de personas de fe excepcional, pero tenemos pocos ejemplos de comunidades funcionando como un Cuerpo, uno de esos ejemplos está en Hechos, en un tiempo en que el andar como un Cuerpo hizo posibles grandes milagros jamás vistos:

HECHOS 2:42-47 (RV-1960)
(42) Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.
(43) Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles.
(44) Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas;
(45) y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno.
(46) Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón,
(47) alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.

Pero no mucho tiempo después Pablo estaba diciendo lo siguiente:

1 CORINTIOS 11:17, 20-21 (RV-1960)
(17) Pero al anunciaros esto que sigue, no os alabo; porque no os congregáis para lo mejor, sino para lo peor.

(20) Cuando, pues, os reunís vosotros, esto no es comer la cena del Señor.
(21) Porque al comer, cada uno se adelanta a tomar su propia cena; y uno tiene hambre, y otro se embriaga.

Aún poco tiempo después de la resurrección de Jesús, teniendo el testimonio de primera mano de quienes vieron a Jesús resucitado y teniendo a los apóstoles como maestros y mentores y habiendo tenido gran testimonio del poder de Dios, esta congregación estaba en un punto de total egoísmo y falta de conciencia de unidad. Incluso en el momento que se reunían para conmemorar el sacrificio de Cristo ellos estaban centrados en sí mismos y no en los demás.

Cristo murió para que hoy Dios pueda tener una familia unida a través de un mismo espíritu. La unidad de Sus hijos es el gran objetivo de Dios y esto es lo que el Adversario intenta atacar. El Diablo intenta alejar a una persona de la fe en Dios, pero si no puede hacer que el creyente se aleje de Dios, intentará alejarlo de sus otros hermanos, porque sabe que en la unidad de los cristianos está su máxima derrota.

Yo creo que la falta de poder de Dios en muchas comunidades cristianas hoy no es tanto porque falte conocimiento de Dios, sino porque falta la acción en unidad de los cristianos y es por eso que en nuestro trabajo como red de cristianos estamos queriendo hacer mucho énfasis en esta unidad del Cuerpo.

EFESIOS 4:25, 28, 29, 32 (RV-1960)
(25) Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros.

(28) El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad.
(29) Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.

(32) Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.

¿Pueden ver cómo Pablo refiere constantemente a cómo nos conducimos unos para con otros? Nos habla de hablar la verdad con el prójimo, de trabajar para tener qué compartir con otros, de hablar lo que edifique a otros y no lo que corrompa, de ser benignos y misericordiosos y personarnos unos a otros. ¡Todo se trata de la unidad del Cuerpo!

HEBREOS 13:15-16 (RV-1960)
(15) Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre.
(16) Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios.

Hoy en día Dios ya no requiere de nosotros que sacrifiquemos corderos y otros animales para perdón de pecados o como ofrenda a Dios. Dios tampoco requiere que hagamos largos ayunos, que estemos los 7 días de la semana asistiendo a una congregación, ni que leamos la Biblia y oremos 10 horas por día. Los sacrificios que hoy quiere Dios de nosotros es que confesemos Su nombre, Su gloria, Su grandeza, Su amor y que simplemente hagamos el bien y la nos ayudemos mutuamente.

Cada cristiano tiene habilidades y dones particulares dados por Dios con los que puede hacer el bien y ayudar a otros de un modo particular. Algunos pueden hacer bien y ayudar con enseñanzas bíblicas, otros con canciones y música, otros aportando dinero a quienes lo necesitan, otros haciendo constante oración por los demás, otros operando las manifestaciones de poder de Dios. Podemos hacer bien y ayudar a través de un consejo, de la compañía, de visitar a alguien en su casa, o en un hospital. Hay incontables formas de hacer el bien y ayudar a otros. Así que, usemos todo lo que Dios nos ha dado para este fin, sigamos buscando la unidad del Cuerpo, vayamos puliendo nuestras diferencias en el amor de Dios y seguramente veremos grandes bendiciones de parte de nuestro Padre celestial, mientras esperamos la mayor de las bendiciones, que será vivir para siempre en la nueva Tierra paradisíaca que Dios hará para nosotros.

La información sobre las versiones de la Biblia citadas en este estudio y otros puede verla en la siguiente página: Referencias de versiones de la Biblia

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